¿Aún así, necesitas una explicación en más palabras? Revisa el artículo de presentación
Todos contaminamos y lo sabemos ¿O no? Todas las cosas que utilizamos generan algún grado de colapso al ambiente: La basura que tiramos, el agua que utilizamos al cocinar y bañarnos e incluso la compra de alimentos o el prender la TV. A muchas de estas cosas las que no asociamos comúnmente a su efecto contaminante.
Desde la conferencia del Cambio Climatico en Copenhagen el 2009, donde los países del mundo se dieron cuenta que las tareas puestas de disminuir y mantener las emisiones de CO2 para el 2012 se hacian inviables y que los efectos tangibles del cambio climatico se hacen cada vez más cotidianos en todo el mundo se empezo a utilizar con más fuerza y frecuencia el concepto de Huella Ecologica.
La Huella Ecologica consiste en la cantidad de terreno que utilizamos para tener las cosas con que vivimos y todos tenemos una huella ecologica propia por nuestras conductas .El promedio en la tierra actualmente es de 23,47 há por persona en la tierra, eso nos hace requerir ¡De 1,5 tierras para vivir! Por lo que debemos disminuir nuestro consumo habitual de recursos o incluir nuevos hábitos como el reciclaje y el ahorro de energías en nuestro diario vivir. Otro concepto habitual es la Huella de Carbono.
El nuevo gobierno propone una dura y moderna política ambiental y pretende fomentar nuestro compromiso con el medio ambiente. Hoy te invito a Calcular tu Huella Ecologica y ver que acciones inciden en tú consumo del planeta. Luego, piensa ¿Qué hacemos en casa para mejorar?
Si uso Twitter es porque me encanta la inmediatez de las informaciones, casi siempre adelantándose a lo que aparece en la prensa escrita. Pero cuando ciertas personas maliciosas ocupan este medio para esparcir informaciones falsas en forma deliberada, engañando a usuarios, o por último acaparando su atención (ya que muchos esperamos siempre que un medio “confirme” las noticias), es totalmente inaceptable.
Y la cosa se agrava cuando hay periodistas entrometidos en la cuestión. ¿Acaso olvidaron la ética que aprendieron en la universidad? ¿No es su deber informar en vez de desinformar?. Yo creía que las cortinas de humo que levantaban los periodistas habían quedado en las portadas de los diarios de la dictadura, cuando tapaban los asesinatos y detenciones que efectuaba el ejército. Pero ahora, cuando los medios se supone (ojo, se supone) son neutrales, o por lo menos serios, ¿qué objeto tiene que hagan este tipo de jugarretas dignas de escuela básica?
Seamos más responsables señores. Los medios de comunicación son poderosos, la gente toma sus decisiones frente a lo que lee en internet, ve en la TV o escucha en la radio. Una mala información puede tener consecuencias nefastas. Tal vez ahora fue sólo el rumor de la muerte de un longevo ex Presidente, pero mañana puede ser otra cosa más grave.
La credibilidad es difícil ganarla, pero muy fácil perderla. Y eso lo sabe hasta un niño chico, gracias a la clásica fábula de “Pedrito y el lobo”. Hoy actualizada a “Twitter y el lobo”.
He visto gente que se queja de que no puede ver las letras cuando en realidad es que no saben leer. Pasa mucho con ancianos y ya soy capaz de reconocerlos. Sin embargo hay muchos otros que, sabiendo leer y teniendo buena vista, simplemente no leen o hacen caso omiso de lo que han leído.
De todos es conocido el hecho de que no estamos acostumbrados a leer los manuales de instrucciones y molestamos al sobrino de turno para preguntarle cómo se hace cierta cosa en su nuevo gadget. Incluso el gran Coco Legrand expuso la falta de lectura en el público asistente a un teatro, preguntando los precios de las entradas pese a tener la lista de precios en su nariz.
Como dependiente de un comercio, estas cosas me pasan a diario, sobre todo cuando cierro el local. Mientras nosotros estamos haciendo el cierre de las cajas, se amontona gente en las puertas y ventanas, golpeando y preguntando si los podemos atender. También me pasa cuando me toca el turno de urgencia, donde dejo un pequeño cartel que dice “Atención sólo con receta del servicio de urgencias”, y a las tantas de la madrugada llega alguien por pañales, cosméticos o sal de fruta.
Y luego nos quejamos de que no nos respetan. No somos capaces de respetar un simple cartelito que expone las reglas del juego, que siempre buscamos trato preferencial. La verdad no sé cómo no he golpeado gente a través de la ventanilla.
Por lo menos soy razonable cuando me piden preservativos…
Es sabido que el chileno es muy especial en muchos aspectos de la vida cotidiana. Que el vocabulario, que las costumbres y que deja todo para última hora, entre tantas otras cosas. Pero por lo que sí destaca, es por sus extrañas “ansias de cultura”, que algunas veces aparecen y otras ni luces de ellas.
Quiero ser cizañero. Pensemos en el caso del cierre de Santiago a Mil, protagonizado por la Pequeña Gigante y su Tío Escafandra. No es necesario decir toda la gente que estuvo a la siga de las mega-marionetas, pero ¿habrá ido tal cantidad de gente a los otros espectáculos que no eran gratuitos? ¿Se habrán llenado? ¿O la gente no iba porque eran muy caros?
La gente pide cultura, siempre lo dicen las encuestas, pero cuando está ahí, no la quiere ver. Cuando dan algún programa del estilo en TV, tiene menos rating que El Hormiguero, porque prefiere ver sangre o sexo en otro canal. Cuando llegan a Chile libros que han sido éxito afuera, el chileno va y lo compra… pirata, o se aguanta a que venga de regalo en algún diario.
Lanzo mis quejas en dos puntos:
- Somos mandados a hacer para pedir cosas, pero cuando las tenemos no las apreciamos. Si tenemos tanta diversidad de espectáculos, obras teatrales y ferias artesanales, ¿por qué no vamos a visitarlas? Te aseguro que sacas algo provechoso para la vida.
- ¿Por qué tiene que ser tan caras las actividades culturales? Eso desmotiva mucho el ir a verlas. Créanme que a veces se cobra en exceso, quizá quién sabe cuáles son los intereses para ello. Si los precios fueran razonables, otro gallo cantaría. Hasta mejor país seríamos.
Las ganas están, queremos culturizarnos. Eso sí, no olvidemos nunca: la cultura no es sólo un charango, una actuación o un monito de greda. Es eso y mucho más. Y todos nosotros, somos parte de ella. ¡Construyámosla juntos!
67%. Con esta cifra la BSA condena a Chile a la calificación de “el país más pirata del OCDE”. La conclusión es de perogrullo: el 67% del software utilizado en Chile no es original o no tiene sus licencias.
Y las conclusiones se dejan caer ipso facto: “es culpa de los fabricantes de software y sus altos precios”, “es culpa de los impuestos para todo que hay en Chile”, “es culpa de la cultura chilena”… y es aquí donde me quiero detener.
El chileno tiene fama de ingenioso, siempre encontrándole la quinta pata al gato. Pero de ingenioso la tiene de mañoso, siempre buscando salirse con la suya. “Acá en Chile se premia al pillo y se castiga al pollo” dice mi padre, y mucha razón tiene. Eso es porque en Chile prima la ley del mínimo esfuerzo. Una cultura de la flojera, donde se busca el dinero rápido y la ganancia neta. Me basta recordar las triquiñuelas de los colectivos para burlar el pago del TAG.
¿Y uno qué dice ante ello? “¡Mira que ingeniosos!”, “Está buena la idea”. Los avalamos, permitiendo que pequeños delitos permanezcan en el tiempo, impunes. “Ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón”, reza el adagio popular. Y eso es un mal concepto, el ánimo de “cagar” al otro, salirse con la suya y hacerla cuantas veces pueda, y aunque lo condenen por ello, seguir haciéndola.
El lema del chileno es triste, y demuestra que somos los mismos que alguna vez colonizaron estas tierras en busca de oro con tal de enriquecerse. 200 años sin aprender, “salvándonos mientras podemos”.
Durante esta semana estamos presenciando, después de la Copa Davis, uno de los eventos tenísticos más populares del año: el torneo ATP Tour que visita nuestro país y que en esta ocasión, después de 9 años, se juega en Santiago. Más allá de las razones, a primera vista suena extraño y llama la atención que un torneo de esta categoría vaya cambiando de sede cada cierto tiempo.
Esto claramente, y junto al apodo de “gitano” que se ha ganado la Federación Chilena de Tenis al determinar la “cancha” dónde se juega la Copa Davis, más allá de la intención de “llevar el tenis a todos los chilenos”, nos hace pensar en la gran falta de un recinto para practicar este deporte frente a un público masivo y en un lugar fijo con todas las facilidades necesarias para ofrecer un torneo o un simple partido de exhibición cómodamente.
No nos olvidemos que el tenis es el único deporte en Chile, medianamente popular, que ha llegado a la cima de las competencias mundiales (por sólo citar ejemplos, Marcelo ‘Chino’ Ríos en el nº1 del ranking ATP o Chile bicampeón en el Mundial de Tenis en Düsseldorf).
Otro tema también son los exorbitantes precios que se nos ofrecen a la hora de asistir a un evento como este. La entrada más barata, que da la posibilidad de estar todo el día en el recinto, cuesta $15.000, en cambio, en la Copa Telmex (Argentina), la misma entrada cuesta $7.500, y, en el Brasil Open, $4.300, países donde sí tienen recintos sólidos y gobiernos preocupados por el deporte. ¿Entonces, qué es lo que está pasando en Chile? ¿quién es el responsable de estas falencias? ¿la cultura deportiva es realmente incentivada en nuestro país?
Me di el tiempo de leer ambas posturas sobre este asunto que ha dejado a los clientes VTR sin el canal CDF Básico/Premium.
Resumiendo, la postura de CDF aclara estos puntos:
Mientras, el de VTR es más sanguinario:
A VTR no le creo ni la nómina de empleados, así que le doy credibilidad a CDF. Pero vamos a justificar mi postura: