¿Aún así, necesitas una explicación en más palabras? Revisa el artículo de presentación
Se van, se van, se van. Los 16 cubos en perspectiva isométrica que formaron el logotipo del Gobierno de Chile desde que asumió Ricardo Lagos en 2000. Piñera los reemplazará por un escudo gris triste y milico, junto con una tipografía moderna y una combinación de colores rara.
Los cubos se van, y aunque los extrañaré, ciertamente cumplieron su misión, la misma que realizará el nuevo -y feo- logo. Unificar la imagen corporativa de los servicios gubernamentales, lo que antes de Ricardo Lagos, no existía.
¿Se acuerdan del sol multicolor del Ministerio de Salud? ¿Las casitas del MINVU? ¿La estrella del Mineduc? ¿La flor del Sernam? ¿La escalera del FOSIS? Antes del año 2000, cada dependencia del Gobierno tenía su propia imagen corporativa (y algunos casos, ni eso). El escudo de Frei y la Estrella de Aylwin sólo representaban a la Presidencia, no al Gobierno como lo hicieron los cubitos.
Con los cubitos, se impuso una imagen común para todos los ministerios, servicios y oficinas del Gobierno, siendo muy pocos los que sobrevivieron a tal imposición, como el SII o el INP. Y claro, las empresas estatales, que durante los años de Lagos igual recibieron su modernización de imagen, como Codelco o el BancoEstado.
Un cambio tan profundo como representó la imposición de los cubitos permitió el reconocimiento de todos los servicios dependientes del Gobierno por parte del común de la gente.
Y aunque sea feo, está claro que el nuevo logotipo cumplirá la misma misión que los cubitos que se van.
Tras la catástrofe que vivió nuestro país, todos los ojos han estado puestos en la descoordinación de dos servicios dependientes del gobierno, el SHOA y la ONEMI. Sin embargo, pocos se han asomado a ver las consecuencias que ésta tendrá en el gobierno de Piñera.
Los días anteriores al terremoto, parecía que el Presidente electo estaba buscando una excusa para graduar el cumplimiento de sus promesas de campaña. Dijo que “por legítimas y justas que sean, no todas (las demandas ciudadanas) podrán ser satisfechas” (El Mostrador), debido al déficit fiscal que le había dejado Bachelet (La Nación). Sin embargo, tras la terrible catástrofe ocurrida en el país, ya no tendrá que inventar excusas; obviamente deberá cambiar su agenda económica.
El último presidente de derecha, Jorge Alessandri, también tuvo que reformar su plan de gobierno por el terremoto de 1960 (Miami Herald). Sin embargo, la derecha chilena de los sesentas aún no caía en las redes del neoliberalismo friedmanita. Distinto fue para el terremoto de 1985; tras la catástrofe, el Chicago Boy Hernán Büchi tomó todo el poder económico, e implementó medidas que terminaron de raíz con el proteccionismo estatal (Simenon).
Hoy, Piñera tiene las condiciones necesarias para dar un nuevo golpe neoliberal, o como diría Naomi Klein, para inducir a Chile a La doctrina del shock; de hecho, algunos ya le están dando pautas para implementarla (Blog de la República). Podríamos decir entonces que se viene “el saqueo” empresarial a Chile.
Hace instantes leí en Facebook una nota de un amigo (recomiendo leer link) en la que hablaba del eficiente funcionamiento de las medidas de emergencia durante el gobierno de Salvador Allende para el terremoto de 1971, y hubo un par de cosas que me llamaron poderosamente la atención y que son sumamente necesarias para mejorar y entender, de mi punto de vista, lo sucedido recientemente.
Una de las cosas que afectó considerablemente a la rapidez del catastro de fallecidos, afectados y daños es la hipercentralización que sufre nuestro país en la actualidad. A Chile, con la geografía que tiene, se le hace imposible hacer bien las cosas cuando todo depende de la capital, Santiago. Es necesario potenciar los gobiernos regionales y provinciales y darle mediana autonomía. El primer paso, por ejemplo, es la democratización de los altos cargos en estas divisiones administrativas: que los ciudadanos escojan a sus intendentes y gobernadores.
Además, hay que hacer una diferenciación en las épocas. En aquellos años existía el real concepto de socialismo, término auténticamente derivado del “ser social”, donde todos considerábamos a la persona del lado como un chileno más (sin ánimos de generalizar, tampoco). En cambio, ahora la sociedad es más individualista, piensa en sí mismo antes que el resto. La frase “la libertad de uno termina cuando empieza la del otro” ya es sólo un cliché, y es por esto que se justifica la presencia de militares en las zonas más agolpadas por el terremoto y maremoto, ya que las libertades personales han sido agredidas por la propia gente que día a día se olvida que todos somos iguales en derechos y deberes.
Esto es todo un ciclo: si el Gobierno no hace eficiencia, el pueblo toma su instinto animal y vulnera todo lo que tiene a su lado.
Emplazado en la esquina de Catedral con Matucana, frente al metro Quinta Normal aparece un gigantesco paralelepipedo horizontal que esta sobre un gran agujero diagonal y sobre dos fuentes. Verdaderamente poetico, es el Museo de la Memoria y los D.D.H.H.
Pero lo que realmente importa es su contenido. Comenzando por un patio con los derechos humanos escritos en letras de cobre (creo que tambien tenian cromo) y un mural sobre la última actuación de Victor Jara que da hacia el metro. Entrando ya al edificio hay un Hall que nos muestra los memoriales que hay en Chile: placas, sillas, esculturas y piedras, piedras para no olvidar a quienes se les violaron sus derechos humanos entre 1973 y 1990. Si, por que el principal tema del museo es reivindicar en la memoria nacional lo ocurrido bajo la dictadura militar. 11 son las salas que nos hacen explorar los resultados de las Comisiones de Verdad que ha tenido Chile desde el 90′ rescatando recortes de prensa, documentos de estado, frases, personajes, afiches, sueños perdidos, esperanzas, exilios, desapariciones, mentiras, colapsos y dibujos de los niños que nos recuerdan el último periodo de oscurantismo de nuestro país.
Creo que este lugar es una visita obligada, particularmente su sala Ausencia y Memoria que es toda una obra de arte; emotiva y profunda. La versión, por más cesgada que sea, es una mirada potente y profunda a lo que vivio la Sociedad Chilena ese entonces y que nos invita a reflexionar hacia donde queremos el Chile del mañana.
La reciente incorporación de Ravinet al gabinete del Presidente electo, Sebastián Piñera, provocó una fuerte crítica al interior de la Concertación, y más aún desde su propio (ahora ex) partido. Cuando comenzaron a surgir rumores sobre su designación como ministro, muchos esperábamos que fuese llevado al tribunal interno de la DC, en donde podría recibir una poco amistosa carta de expulsión. Sin embargo, él se adelantó a los hechos, renunciando tras 49 años de militancia.
Que todos hayamos vislumbrado la salida de Ravinet no es raro; estamos acostumbrados a la particular manera de hacer política en Chile. Porque en nuestro país llamar a gente de partidos de oposición no es una práctica esperable de un gobierno, como por ejemplo sucede en las naciones de “primer orden”. Sin ir más lejos, Obama dejó en el cargo de secretario de defensa al republicano Robert Gates, nombrado por Bush en 2006.
Otra costumbre política, que siempre vemos en las noticias internacionales, es la renuncia de los presidentes tras una derrota electoral de su partido o coalición. Yo no tengo memoria reciente de que eso haya sucedido en Chile (y si me equivoco, deben ser casos excepcionales), siendo un ejemplo de ello lo sucedido este año dentro de la Concertación, en donde Escalona fue el más reacio a asumir responsabilidades por el triunfo de Piñera.
Diagnóstico: aún no adquirimos esa madurez cívica que tanto pregonan los políticos profesionales. Otro indicio más de que continuamos en una eterna transición.
Hace unos días se promulgo la ley que dio existencia (real y no nominal) al Ministerio del Medio Ambiente con diversas atribuciones legales que lo hacen ser el organismo más Powerful del tema en nuestro país. Esta y otras medidas son las que hicieron que Chile haya subido en el Ranking de Yale+Columbia de “Indice de Desempeño ambiental” Donde Chile en este año quedo 16 de 163 países, habiendo estado el año 2009 en la posición 29.
¿Quiere decir esto que Chile es un país más verde, que cuida más al medio Ambiente? ¡NO! Esto solo nos dice que somos el decimosexto país del mundo que se preocupa del medio ambiente. Chile ha disminuido 10 puntos en este mismo indice en solo dos años. (83,4 el 2008 a 73,3 el 2010). Esto nos dice que el Medioambientalismo ya no esta de moda al parecer y que el mensaje de Al Gore y tantos (y mucho mejores) expertos nos lo empezamos a pasar por el ojete. Tener un Ministerio del Medio Ambiente no nos asegura un país que hara su desarrollo sustentable, pero si nos entrega un organismo a quien culpar cuando Chile este inhabitable.
La Conciencia Ambiental pasa por un tema de educación continua y progresiva de la comunidad, por la inclusión de formas de energía renovables como fuente de trabajo en las regiones (como lo son la eolica, la mareomotriz o la geotermica) y por adoptar un aprovechamiento de los profesionales que se tienen del área para cultivar los frutos de tener un país aún no corrompido por la industrialización. Avanzar, no retroceder.
Sin duda los resultados de esta elección presidencial han dejado una estela de repercusiones que nos perseguirán por los próximos 4 años, o más, y nadie se salvará de ello. El cambio de coalición e ideología gobernante no dejará indiferentes, pero tampoco permitirá el avance que todos esperamos. Por mucho que se haya logrado en materias de país y gobierno hay algo que no hemos superado: nuestro pasado.
Chile es un país que ha estado estancado desde la elección de Salvador Allende, situación que fue reforzada por la dictadura y que el “retorno a la democracia” se ha preocupado de mantener. Estancado en hechos, ideologías, culpas, culpables, víctimas y victimarios, heridas que siguen abiertas y que a pesar de todo nadie ha hecho algo por curarlas, sino atenuar los síntomas.
Para que se produzca un avance real y efectivo Chile debe cambiar su paradigma de intentar ganarle al otro, como si fuese una batalla a muerte, y reconocer el grado de culpa de ambos bandos. Dejar de mentirle a la gente y a sí mismos, aceptar los propios errores y buscar entre todos una solución a los problemas que nos llevaron a los extremos que no queremos repetir. Eso nos llevará a la verdadera reconciliación, y no esa pantalla en que tratamos de engañarnos a nosotros mismos, a sabiendas de que todo es una mentira.
Chile es un país en pleno crecimiento, con mucho potencial, y como tal, debe aprender de sus golpes y fracasos, o estará conminado a sufrir otra vez lo mismo.