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He visto gente que se queja de que no puede ver las letras cuando en realidad es que no saben leer. Pasa mucho con ancianos y ya soy capaz de reconocerlos. Sin embargo hay muchos otros que, sabiendo leer y teniendo buena vista, simplemente no leen o hacen caso omiso de lo que han leído.
De todos es conocido el hecho de que no estamos acostumbrados a leer los manuales de instrucciones y molestamos al sobrino de turno para preguntarle cómo se hace cierta cosa en su nuevo gadget. Incluso el gran Coco Legrand expuso la falta de lectura en el público asistente a un teatro, preguntando los precios de las entradas pese a tener la lista de precios en su nariz.
Como dependiente de un comercio, estas cosas me pasan a diario, sobre todo cuando cierro el local. Mientras nosotros estamos haciendo el cierre de las cajas, se amontona gente en las puertas y ventanas, golpeando y preguntando si los podemos atender. También me pasa cuando me toca el turno de urgencia, donde dejo un pequeño cartel que dice “Atención sólo con receta del servicio de urgencias”, y a las tantas de la madrugada llega alguien por pañales, cosméticos o sal de fruta.
Y luego nos quejamos de que no nos respetan. No somos capaces de respetar un simple cartelito que expone las reglas del juego, que siempre buscamos trato preferencial. La verdad no sé cómo no he golpeado gente a través de la ventanilla.
Por lo menos soy razonable cuando me piden preservativos…
Un tema que ha salido a relucir por estos días en medio del álgido clima electoral es el que tiene relación con el derecho a voto de los chilenos en el extranjero, sobre todo cuando han salido a la luz pruebas de un posible acarreo de votantes con todos los gastos pagados desde Argentina para favorecer a Eduardo Frei. Mi opinión personal al respecto es que los chilenos que vivimos el día a día dentro del territorio nacional, que pagamos impuestos, que usamos el Transantiago, los servicios de salud y educación, que nos regimos bajo las leyes que se aprueban y promulgan aquí, que experimentamos las variaciones de la economía del país, y todas esas cosas tan cotidianas, tenemos mucho más derecho a elegir a aquellos que nos gobernarán y que ocuparán los sitios de poder, donde se toman las principales decisiones que nos afectan directamente. Esto no ocurre con aquellos ciudadanos chilenos que eligieron libremente buscar nuevos horizontes en otras latitudes, que viven y se benefician de las bondades que les ofrecen los países que los acogen. Si un chileno quiere ser protagonista y ser parte de ese tipo de decisiones entonces es necesario que viva en Chile, se informe y luego elija como lo hacemos todos en forma democrática, porque a la distancia la percepción de la realidad local es totalmente distinta. Otro es el caso de los que temporalmente están fuera del país, ya que son las circunstancias las que les impiden venir a votar, pero en caso alguno pierden ese derecho.