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Tras la catástrofe que vivió nuestro país, todos los ojos han estado puestos en la descoordinación de dos servicios dependientes del gobierno, el SHOA y la ONEMI. Sin embargo, pocos se han asomado a ver las consecuencias que ésta tendrá en el gobierno de Piñera.
Los días anteriores al terremoto, parecía que el Presidente electo estaba buscando una excusa para graduar el cumplimiento de sus promesas de campaña. Dijo que “por legítimas y justas que sean, no todas (las demandas ciudadanas) podrán ser satisfechas” (El Mostrador), debido al déficit fiscal que le había dejado Bachelet (La Nación). Sin embargo, tras la terrible catástrofe ocurrida en el país, ya no tendrá que inventar excusas; obviamente deberá cambiar su agenda económica.
El último presidente de derecha, Jorge Alessandri, también tuvo que reformar su plan de gobierno por el terremoto de 1960 (Miami Herald). Sin embargo, la derecha chilena de los sesentas aún no caía en las redes del neoliberalismo friedmanita. Distinto fue para el terremoto de 1985; tras la catástrofe, el Chicago Boy Hernán Büchi tomó todo el poder económico, e implementó medidas que terminaron de raíz con el proteccionismo estatal (Simenon).
Hoy, Piñera tiene las condiciones necesarias para dar un nuevo golpe neoliberal, o como diría Naomi Klein, para inducir a Chile a La doctrina del shock; de hecho, algunos ya le están dando pautas para implementarla (Blog de la República). Podríamos decir entonces que se viene “el saqueo” empresarial a Chile.
En el día de hoy sin duda alguna hemos vivido, para bien de algunos, o para mal de otros, uno de los hitos políticos más importantes de los últimos años: después de casi 50 años la derecha vuelve al poder, luego que Sebastián Piñera venciera a Eduardo Frei en el balotaje por sólo 223.000 votos.
Es por lo anterior que durante estas últimas horas cientos y cientos de comentarios han convulsionado Facebook y Twitter, mayoritariamente descalificando al candidato de derecha por ser dueño de las empresas más importantes del país, como Lan Chile, Blanco y Negro y Chilevisión, entre otros, y por el hecho de pertenecer a la Coalición por el Cambio, trayendo de vuelta el sentimiento de terror que generó la dictadura militar durante la década de los 70′ y 80′, y es aquí donde me quiero detener.
Si bien Piñera ha afirmado en variadas discusiones que ninguna persona que haya trabajado en la administración de Pinochet estará en su gabinete, la gente sigue desconfiando en él, y no tanto por lo que representa su persona, sino por quienes lo acompañan. Es de destacar que la UDI cumplirá un rol preponderante es su gobierno y son ellos los que generan la poca creencia en su discurso, ya que la mayoría de sus actuales miembros están vinculados a aquel período.
Ahora sólo le queda al Presidente electo una impícita, pero gran labor: limpiar la mala imagen que ha tenido su coalición por tantos años y reafirmar sus palabras de que este gobierno realmente será de unidad nacional, y, a mí parecer, esto sólo se puede lograr trabajando por Chile y su gente, con gente joven y/o caras nuevas, lo que, claramente, no será una tarea fácil.
¿Pueden los medios de comunicación definir una elección? Esta claro que sí, y los ejemplos son abundantes. Sin embargo, es natural que lo sean, ya que cumplen un objetivo editorial dado por sus propietarios. El problema nace cuando existen “monopolios ideológicos” en los medios, tal como lo que pasa en Chile, donde gran parte de ellos son publicados por grupos cercanos a la derecha.
El Mercurio S.A. y Copesa controlan el mercado, imponiendo una visión que beneficia a algunos partidos y candidatos, y perjudica a otros. Piñera es dueño de Chilevisión, canal que se caracteriza por llenar su parrilla programática de delincuencia, incrementando los niveles de victimización, y dándole a su dueño la facultad de prometer que en su posible gobierno, pondrá un “candado a la puerta giratoria”. Debería decir que no se mostrarán tantos delitos en Chilevisión, y punto.
El único periódico de centro-izquierda que va quedando es La Nación, tras la muerte de Siete+7, tiempo después que éste fuera comprado por Copesa (¿sospechoso, no?). Todos critican la parcialidad de este diario, porque apoya a Frei y al Gobierno. ¿Y qué me dicen de los demás medios? ¿Son objetivos? Pareciera que ya nos acostumbramos a leer la parcialidad de los medios de derecha; la asumimos como “normal”, cuando claramente no lo es.
Podría seguir hablando de cuánto los medios han influido en las campañas presidenciales, pero es un tema que da para largo. Sólo puedo decir: no se compre todo lo que lee en la prensa.