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Desde que me lo dijo mi padre una vez que he tratado de sacármelo de la cabeza, tratando de darles el beneficio de la presunción de inocencia, pero simplemente no he podido ya que cada día que pasa hay noticias que confirman lo que él me dijo: la Democracia Cristiana es un partido ambicioso de poder.
Basta con remontarse a las “primarias” para elegir al candidato a presidente de las elecciones recién pasadas, donde Jorge Pizarro dictaminaba que “debe ser el turno de la Democracia Cristiana”. También es de notar que la mayoría de los cargos ministeriales, intendencias, gobernaciones y de estamentos del estado están en manos de un DC. E incluso si sacamos la cuenta, desde el “retorno de la democracia” hemos tenido 4 presidentes, 2 de ellos democratacristianos.
Si bien esto puede sonar como datos anecdóticos, en realidad dan cuenta de lo que planteaba mi papá: la DC es un monstruo insaciable de poder. Y si a eso le sumamos su oportunismo característico, tenemos como resultado el problema a nivel país que nos carcome y enfurece: la corrupción.
Aunque a decir verdad suena demasiado determinista y prejuicioso culpar a un partido político de uno de los mayores males de la nación, pero muy alejado de la realidad no está.
Este domingo 17 de Enero, Chile vivirá uno de los procesos eleccionarios más electrizantes desde la vuelta a la democracia: la segunda vuelta presidencial, en la que los dos bloques políticos más grandes se enfrentan en un escenario que en un principio parecía claro, pero que finalmente se definirá en el recuento final de los votos. Estamos viendo que las fuerzas que apoyan tanto a Eduardo Frei como a Sebastián Piñera han llegado a un punto tal que la definición será bastante estrecha. Pero hay cosas que van a marcar la diferencia, y que tienen relación con tener a una Concertación desgastada después de 20 años, de todos los casos de corrupción que han salido a la luz, de la historia de Eduardo Frei como presidente entre 1994 y 2000, entre otras. La gente percibe que el país necesita un cambio y una renovación en la política, y no tiene miedo en expresarlo. Por otro lado, están los que apoyan a la Concertación en forma incondicional y que votarán por Frei aunque no les guste, con el argumento de que “no da lo mismo quien gobierne”.
Sin embargo, yo también digo que no da lo mismo, porque estamos ante la oportunidad única de generar un cambio y darle un nuevo dinamismo al país. La derecha se ha ganado el espacio y la oportunidad de demostrarle a los chilenos que son una alternativa valida para estar al mando del gobierno, continuando con lo bueno que ha hecho la Concertación y mejorándolo aun más para el beneficio de todos.