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Si uso Twitter es porque me encanta la inmediatez de las informaciones, casi siempre adelantándose a lo que aparece en la prensa escrita. Pero cuando ciertas personas maliciosas ocupan este medio para esparcir informaciones falsas en forma deliberada, engañando a usuarios, o por último acaparando su atención (ya que muchos esperamos siempre que un medio “confirme” las noticias), es totalmente inaceptable.
Y la cosa se agrava cuando hay periodistas entrometidos en la cuestión. ¿Acaso olvidaron la ética que aprendieron en la universidad? ¿No es su deber informar en vez de desinformar?. Yo creía que las cortinas de humo que levantaban los periodistas habían quedado en las portadas de los diarios de la dictadura, cuando tapaban los asesinatos y detenciones que efectuaba el ejército. Pero ahora, cuando los medios se supone (ojo, se supone) son neutrales, o por lo menos serios, ¿qué objeto tiene que hagan este tipo de jugarretas dignas de escuela básica?
Seamos más responsables señores. Los medios de comunicación son poderosos, la gente toma sus decisiones frente a lo que lee en internet, ve en la TV o escucha en la radio. Una mala información puede tener consecuencias nefastas. Tal vez ahora fue sólo el rumor de la muerte de un longevo ex Presidente, pero mañana puede ser otra cosa más grave.
La credibilidad es difícil ganarla, pero muy fácil perderla. Y eso lo sabe hasta un niño chico, gracias a la clásica fábula de “Pedrito y el lobo”. Hoy actualizada a “Twitter y el lobo”.